HeroQuest

Publicado por Alex | en Toy Stories | el 27-11-2009

heroquest

¡Tres calaveras! ¡Ja! ¡A la mierda tu Guerrero del Kaos!

Puede que muchos no os acordéis, pero hubo un tiempo en el que no existían videoconsolas y los niños no necesitaban del FIFA y de un multipad para reunirse en una casa a disfrutar de su tiempo de ocio. Son muchas las cajas que ahora cogen polvo en el armario de muchos veinteañeros, pero hubo un juego responsable de ser la primera piedra de contacto con otro tipo de entretenimiento muy alejado del Monoply o el Trivial. No fue otro que HeroQuest.


Para cualquier iniciado a Dungeons and Dragons, HeroQuest le dejaba algo descafeinado. Se trataba de un juego de tablero con ligeros toque de rol, como la existencia de un master que controlaba las partidas, la elección de tu propio personaje (ya hablaré de ello más tarde) o la posibilidad de convertir la experiencia en interminable gracias a sus expansiones o la pericia de sus jugadores en inventarse nuevas aventuras. Pero eran solo eso, toques, por lo que se podría considerar HeroQuest como la iniciación para los más jóvenes en el mundo del rol.

La gracia y encanto del HeroQuest, pues, radicaba en ser la primera experiencia en otro tipo de juegos para un grupo de niños cansados del Operación, El Cocodrilo Sacamuelas o el Tejenova. Ofrecía un mundo de fantasía y mitología de fácil acceso y, posiblemente una de sus mayores bazas, poseía una rejugabilidad abrumadora. Porque cada partida de HeroQuest ofrecía ser radicalmente opuesta a la anterior. Y si todo esto no le servía a un chaval de la época, lo cierto es que hasta las voluntades más férreas eran incapaces de resistirse a tales anuncios.

Pero como he dicho anteriormente, aunque tenía toques de rol, no eran más que reglas o modos de juego muy simplificados. El sistema de ataque o defensa son muy básicos, basándose en la tirada de un número determinado de dados que vienen determinados en las fichas de cada personaje. Los personajes, cuatro en total (bárbaro, mago, elfo, enano), tenían cada uno unas habilidades y debilidades contrarias para favorecer el trabajo en equipo.

Y en los personajes me quiero parar, porque ejemplifican todo lo que HeroQuest es y no es. Por una parte tenemos una “especial” elección de roles, ya que se confunden razas (elfo, enano) con profesiones (bárbaro, mago). Como si un enano no pudiera ser un bárbaro o un elfo un mago. Pero ahí no queda la cosa porque en varias versiones del juego (no me pregunten cuales, lo desconozco) le cambiaban de raza al pobre elfo para convertirlo en un trol. Y supongo que no hace falta poner un grafico para buscar las sietes diferencias entre un trol y un elfo.

Pese a todo y, por todo, HeroQuest se ha convertido en un juego muy querido y, muy explotado. Tal es así que a la versión de mesa se le sumaron un par de videojuegos para ordenador y Nintendo y hasta es posible jugar online. Toda esta información, y la posibilidad de descargar la versión online la podéis ver en HeroQuest Online.

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Sobre el autor:  Experto en nada, conocedor de todo. Apasionado de las ondas catódicas, se dedica a plasmar sus elucubraciones en Basura and TV sin más animo que el de mejorar día a día. Como todavía no lo ha conseguido, se une a la causa Dr. IO con el afán de hacer de la blogocosa un lugar mejor para todos. (+)


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