Hazañas de una juventud audaz
Publicado por Estrellita Mutante | en Tomorrow Stories | el 15-05-2009
La España de los 50: un país de ciencia ficción
Cuando el 28 de octubre de 1956 TVE emite por primera vez de forma oficial miles de niños españoles ya eran más que conocedores de la tecnología televisiva y, a pesar del gran revuelo que armó este electrodoméstico –para aquellos afortunados que en los 50 poseían una- viajar al futuro era el día a día de la infancia española. En un contexto de penurias económicas, políticas y sociales el tebeo de los años 50 proponía una visión extraordinariamente distinta del futuro de la que el momento histórico dejaba entrever. Desde una situación de precariedad y atraso tecnológico absoluto, la influencia extranjera pudo colarse a través de este género, siempre considerado de segunda, como es la ciencia ficción. Los dibujantes, guionistas y novelistas fueron los encargados de transportar a la infancia del franquismo a un mundo fascinante y futurista a través de historias como ‘Hazañas de la juventud audaz’, ‘Diego Valor’, ‘El aventurero del espacio’ o ‘Rock Robot’, donde cualquier cosa era posible y el poder de los rayos –ya fueran gamas, negros, rojos o siderales- era casi infinito.

Hazañas de la Juventud Audaz
Sin duda estos artistas estuvieron fuertemente influidos por la fascinante, aunque escasa, cultura que se conseguía colar por las fronteras españolas, de la que es su máximo exponente Flash Gordon. Flash Gordon fue creado en 1934 por Alex Raymond y ya desde la II República se viene publicando en España. Por primera vez, el 14 de mayo de 1935, una aventura del mítico personaje aparece en la revista El Aventurero (versión española de la original revista italiana L’Aventuroso publicada por Nerbini). Bajo el título ‘¡La destrucción del mundo!’ Flash Gordon aparece en portada a todo color y desde entonces todas sus aventuras se publican de forma cronológica en España.

Flash Gordon
Para los autores españoles, la ciencia ficción venía de más allá de las fronteras –como todo lo demás- y no es extraño que, al igual que los novelistas de ciencia-ficción valencianos, muchos dibujantes y guionistas de tebeos se escondieran bajo pseudónimos anglófonos otorgando mayor exotismo a las historias que contaban. De esta forma Enrique Jarnés Bergua pasó a llamarse Jaber, José Espinosa Serrano se convirtió en A. Doyer o, el también escritor de novelas y guionista de tebeos, Pascual Enguídanos Usach fue más conocido como George H. White.
La anticipación tecnológica
Desde las páginas de los tebeos de ciencia ficción de la época los autores nos proponían una visión extraordinariamente avanzada, para una sociedad en la que incluso la tecnología doméstica iba décadas por detrás del resto de Europa. En casas sin televisores, lavaplatos o cocinas de gas, los niños leían historias donde los personajes se comunicaban a través de teleconferencia, viajaban en coches voladores o tenían como amigos a robots de habilidades sorprendentes.
Estos tebeos presentaban una perspectiva del porvenir de optimismo y transmitían la ingenuidad de un futuro utópico, sin duda “su visión es en cierta manera el común denominador de la ilusión y perplejidad que producía el futuro tecnológico en la población” (Jordi Ojeda). Los héroes de la época, que se encuentran en futuros remotos, como el año 2000 o el S.XXI, son aventureros, pilotos de naves y militares espaciales que no temen al peligro. Viajan en naves voladoras, poseen tecnología avanzada y conocen multitud de razas alienígenas. Sin embargo la anacronía es una constante de estas historias y es habitual a personajes vestidos al más puro estilo romano mientras manejan un láser de última tecnología, o a extraterrestres que desembarcan en una nave espacial, pero que sin embargo, luchan empuñando primitivas espadas.

Gorilas-unicornios contra romanos del futuro en Rock Vanguard
La palanca es otra de las constantes de la tecnología que se presenta en estos tebeos. No es de extrañar que en un mundo donde la tecnología era puramente mecánica, todos los inventos contaran con este mecanismo. No importa si lo que consigue esa máquina es parar la rotación de un planeta o anular un campo electromagnético, cualquier cosa que haga, necesitará la fuerza del brazo de nuestro héroe espacial para ser activada, por lo tanto las cachas nunca están de más.
Aunque en ocasiones los autores se mostraron como verdades visionarios para su época. Sin duda destaca, entre todas las aventuras, por su longevidad, La Saga de los Aznar, historia que comienza en las novelas y que debido a su éxito ve su adaptación al tebeo en poco tiempo. La saga de los Aznar está basada en unas populares novelas del mismo título del escritor George H. White, alias de Pascual Enguídanos Usach, prolífico autor que llegó a escribir más de cien novelas. Ya en la obra de Withe encontramos lo que se denominan los autoplanetas, enormes estaciones/naves espaciales autónomas, al más puro estilo de la Estrella de la Muerte de Star Wars, solo que muchos años antes.

La ideología franquista
Pero la creación de tebeos de ciencia ficción en España no era ajena al contexto político y social de la época, por lo que la censura, pero también la introducción de la ideología franquista, es una constante también en esta expresión cultural.

La misma Saga de los Aznar nos da una idea del tremendo calado del contexto ideológico. La historia arranca en Nueva York donde encontramos al joven protagonista Miguel Ángel Aznar de Soto, que es llamado por su multimillonario tío Alex. Delirante personaje con aires de grandeza y espíritu conquistador, que a imagen de Colón conquistará el planeta Venus. Pero las aspiraciones de tio Alex son efímeras, pues pronto se convertirá en el primer mártir de la causa, y para perpetuar el hecho se proyectará un faraónico mausoleo. Le sucederá en la jefatura su sobrino, que tras exóticas aventuras transcurre su vida avanzando hacia el imperio. Uno de los aspectos interesantes de la saga es la sucesión, generación tras generación, recayendo el protagonismo de la serie en el clan familiar. En cuanto a las aventuras nos movemos en un universo paralelo, y en algunos casos plagiario, al del planeta Mongo de las sundays de Flash Gordon y de Mandrake. Un momento trepidante acontece con el estallido de un conflicto armado entre U.S.A. y U.R.S.S., donde España realizará uno de los sueños dorados del falangismo: “España es una unidad de destino en lo Universal”. Tras ello España erigida en potencia mundial y como mediadora entre los grandes bloques se enfrentará al peligro alienígena de la abominable bestia gris.
Mujeres siderales

Las historias de los héroes del espacio eran principalmente de hombres y para hombres/niños. Sin embargo las mujeres, en su papel de personajes de ficción, tuvieron una participación importante en estas historietas. Encontramos tres tipos de arquetipos de mujer en las historias, los dos primeros son los clásicos, como son la dama en apuros y la pérfida reina malvada. Pero hay un tercer tipo de mujer que asombra, una personaje que ‘prácticamente’ se encuentra a la altura del hombre. En La Saga de los Aznar encontramos a Berta Anglada, la astronauta española enamorada sin esperanzas de Miguel Ángel Aznar, no se come un torrao, pero sin embargo es astronauta. Las mujeres han conseguido ciertos logros que parecían reservados solo a los hombres, no sin provocar cierta confusión sobre la población masculina, por supuesto.
El otro gran personaje femenino lo encontramos en la serie Diego Valor. Diego Valor inició su publicación en 1954 bajo el sello de la editorial Cid, alcanzando un total de 168 números entre sus dos series, la segunda de las cuales apareció en 1957. El origen de esta serie lo encontramos en la radio, ya que este tebeo es la adaptación de un exitoso serial radiofónico emitido en la SER que, a su vez, tiene su origen en el héroe espacial británico Dan DAre, qué del cómic original pasó a la radio inglesa. La cadena SER adquirió los derechos del serial radiofónico, cuyos guiones modificó Jarber españolizándolos convenientemente tal como marcaban los cánones de la época, aunque más adelante, al agotarse el material original, escribió guiones propios. La experiencia resultó un éxito, ya que se extendió durante cuatro temporadas, desde 1953 hasta 1958, radiándose un total de más de mil episodios episodios y saltando el personaje al cómic e incluso al teatro.

Diego Valor, un español del siglo XXI, viaja a Venus junto con sus compañeros de aventura Portolés, Laffite y Beatriz Fontana, personaje al que nos hemos referido, viviendo trepidantes aventuras y luchando con el malvado Gran Mekong, emperador de los wiganes que pretende subugar al resto de razas extraterrestres.
Extracto radiofónico de Diego Valor:
Beatriz Fontana, con la que Diego Valor tiene un idilio amoroso, aunque muy casto, eso si, destaca ya que no es simplemente ‘la novia’ sino que es parte activa de la tripulación de la nave. Beatriz es una mujer inteligente y capaz, por ello es piloto sideral y tiene en su posesión varios títulos de ingeniería. Sin embargo, esta faceta de mujer resuelta, inteligente y con carrera, no le impide dejar de lado sus obligaciones del hogar. En una carta dirigida a las chicas lectoras de Diego Valor la doctora Fontana les lanza un mensaje positivo, está muy bien ser inteligente y estudiar, pero lo primero es atender las tareas domésticas, ser limpia y buena cocinera.
Evidentemente hay un futuro, aunque no es ni de lejos, tan maravilloso como nos imaginamos en el pasado:




















Estupendo repaso a las fantasías espaciales hispánicas.
Intentaré hacerme con algún tebeo de la saga de los Aznar. No han sido reeditados, ¿no?
Madre mía, no me suena ninguno. Buen artículo.