Un viaje por el río – Howard Hawks

Publicado por Roski | en The Ecstasy of Western | el 07-08-2008

“Nada traemos a este mundo y nada nos llevamos de él”

Tom Dunson (John Wayne) en Río Rojo

Una trilogía inexistente

Howard Hawks fue un maestro en esto del cine. Maestro de la comedia (Bola de fuego), maestro del cine negro (Scarface), maestro del cine de aventuras (Hatari!) y maestro de Western. En todas sus películas, daba igual el género, insuflaba el mismo espíritu: vamos a pasarlo bien, dejad el cerebro al entrar.

Y sus westerns son prototípicos. Quzás no fue en el terreno que más destacó (y tampoco es que realizara un gran número de ellos), pero su “trilogía del río” merece pasar a la historia como un canto sincero y directo al cine de aventuras sin complejos, al cine escapista.

Más de diez años separan Río Rojo (Red River)(1948) y Río Bravo (1959). Y aún atradaría más de una década en cerrar su trilogía en 1970 con Río Lobo. Este pequeño clásico también fue su última película.


También podrímos meter en este paquete Río de sangre (The Big Sky) de 1952. Pero, aparte de la importancia del río en su trama, la vocación poética de los distribuidores españoles queda de manifiesto con un título original que se va al otro extremo del horizonte. No hablaremos de ella, pero quede dicho que es una obra maestra y que debería ser de visión obligatoria para todo amante del género.

No hay voluntad de continudad entre las tres películas, incluso tienen poco en común (se debería comparar Río Bravo con El Dorado antes que con las otras). Hawks dificilmente las pensó como un conjunto o un legado (no era su estilo). Simplemente la referencia fluvial de sus títulos las emparenta. Y teniendo en cuenta que dos de los grandes temas de Hawks fueron “el viaje” y “la frontera” estas cintas nos permiten acercarnos a su cinematografía desde una perspectiva bastante amplia.

Un río no deja de ser una frontera y un camino al mismo tiempo.

Río Rojo

Tom Dunson (John Wayne) se hace con un rancho en la frontera con México. Ha perdido a su amada en una incursión de los indios y sólo le queda su amigo Groot (Walter Brennan) y un bebé abandonado tras un ataque a su caravana. El tiempo pasa (hermoso recurso el mostrar el paso de los años a través de las tumbas en la propiedad de Dunson) y el dinero se acaba. Necesitan llevar su ganado a Kansas para venderlo y salvar su propiedad.

Y aquí comienza el viaje. Y el grupo se va disgregando, separando. Surgen peleas y Tom Dunson pierde amigos (y aquí su hijo adoptivo no es nada más que un amigo). Hasta llegar a su destino donde tras una pelea mítica todo vuelve a encauzarse. Un final feliz y masculino (como todos los de Hawks). Nada de hablar de sentimientos.

La fotografía en blanco y negro choca con unos exteriores inmensos y turbadores. Además, las escenas de acción resaltan dentro del ambiente gris de la película (impresionante la estampida)…

Además la actuación de John Wayne es maravillosa. Interpretando a un hombre varias décadas mayor que él, consiga que nos lo creamos como hombre-de-frontera-hecho-a-si-mismo.

Ese hermoso sentimiento

Porque hay que tener una cosa clara: el cine de Howard Hawks gira alrededor de la amistad. Y no hay nada más allá. Hacía cine para chicos, sin dobleces, nada de psicologismos baratos.

Howard Hawks es un clásico porque quizás es el primer director moderno de la historia del cine. El cine juvenil de los 80’s no existiría sin Hawks, Coppola no sería nada sin él, De Palma no tendría a quien copiar, Spilberg se dedicaría a producir dramas interminables de dos horas.

Su cine es pura fantasía. Una hora y media de evasión. Hombres viriles, mujeres peleonas, guerras de sexos donde el héroe siempre triunfa o cree triunfar. El grupo de amigos como máxima expresión del alma humana. Sentimientos puros y malos simpáticos y sonrientes… ¡vamos!

Howard Hawks hacía el cine que haría un niño de 14 años si le dieran el dinero suficiente. Y lo hacía muy bien. Y por eso fue tan grande, porque tenía un público y sabía lo que querían.

Una pélícula de Hawks siempre era una fantasía adolescente.

Relojes suizos

“Bonita, terriblemente bonita. Sólo hay dos cosas más bonitas que un arma: un reloj suizo y una mujer. ¿Alguna vez tuviste un reloj suizo?”

John Ireland en Río Rojo.

Cuando los genios se cabrean

Un par de años después Howard salió muy cabreado del cine. Acababa de ver Sólo ante el peligro (1952) y no entendía nada. ¿Esa era la obra maestra que le habían recomendado? ¿Un pueblo de cobardes? ¿En serio la gente quería ver eso?

Rio Bravo

Río Bravo podría ser la historia de un grupo de hombres que se mueven cada uno en una dirección diferente pero que terminan todos juntos defendiendo un fortín.


Básicamente es la misma historia de Sólo ante el peligro. Pero aquí el hombre de ley no pide ayuda (¡eso es de cobardes!) y sin embargo, la consigue. Se pelean por ayudarle a defender la cárcel frente a los hombres que pretenden liberar a un preso (una mera escusa).

Dude (Dean Martin), Stumpy (Walter Brennan), Colorado (Ricky Nelson) y Feathers (Angie Dickinson) no van a dejar colgado a un amigo.

El asedio como épica

La idea de un grupo acosado por un enemigo exterior es uno de los puntales del cine moderno. Zombis, indios, delincuentes… no dejan de ser metáforas. Lo importante, lo hermoso, es el grupo que defiende la granja, la escuela o el supermercado. La resistencia.

Dude lucha por controlar su alcoholismo, Stumpy intenta ser útil a pesar de estar mayor, Colorado intenta ser un hombre cuando apenas tiene pelos en la cara y Feathers intenta ser una buena chica y conquistar al HÉROE…

Y aquí está John Wayne. Puro granito. No evoluciona, no cambia. Pero sobre todo: no pide ayuda. En ningún momento.

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” Es una jactancia creer que uno es especial. ¿Es que acaso crees que fuiste tú quien inventó las borracheras?”

Chance (John Wayne) en Río Bravo

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Un mundo diferente

Pero en 1970 el mundo que conocía Hawks se ha ido al garete.

Con Río Bravo había intentado cambiar el Western. Vale, John Wayne es pura piedra, un arquetipo clásico, pero hay una historia de redención (Dean Martin), hay toques de comedia desenfadada…

… hay otro camino.

Y de repente llegan un grupo de italianos y empiezan a hacer esas películas donde todo es sucio, donde no hay amor, donde el bueno también es el malo.

Sam Peckinpah se dió cuenta. Él hizo el último western clasico (Duelo en la Alta Sierra) y el primer western moderno noteamericano (Grupo Salvaje)

Hawks cogió una rabieta e hizo El Dorado y Río Lobo.

Río Lobo

Lo que hace grande Río Lobo es la idea de dos rivales (un confederado y un unionista) haciéndose amigos y combatiendo a un enemigo común.

Porque eso mola.

Molaba entonces y sigue molando ahora.

Puro cine juvenil y aventurero. Alegría y explosiones.

Lo que hace grande a Río Loboes que es una joya fuera de lugar. No era el momento de rodarla y nadie la entendió.

Lo que hace grande al cine de Howard Hawks es su total aceptación de los tópicos. Hay cosas que como conceptos impresionan y resultan atractivos (cazadores de rinocerontes, mafiosos con la cara marcada, enemigos alidos, un grupo rodeado de villanos,…) Son historias que nos encantaban cueando éramos niños, porque son historias de aventuras que pensamos que algún día viviremos. La cuestión es crear una realidad que en el fondo sabemos que nunca existirá (por eso la guapa siempre se va con el bueno de la peli).

Hawks rodó nuestros sueños adolescentes. Y sus personajes hablaban con sentencias (esas frases que se nos ocurren cinco minutos después de que fuera el momento de soltarlas) y las historias de amor son una guerra en la que los niños parecen hombres y los hombres se comportan como niños.

La frase

“Todo hombre tiene que cogerle gusto al poder antes de morir”

Nathan Burdette (John Russell) en Río Bravo

Según Cabrera Infante esta frase podría haberla pronunciado perfectamente Otto von Bismark.

Bibliografía

Howard Hawks / Robin Wood (Ediciones J.C), 1981

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Sobre el autor:  Conocido también como “Bibliotecario Loco” o “ese tío de gafas tan raro”. Cree firmemente que el mundo se va al garete y que él será el primero en salir a la calle a gritarlo mientras se arranca los cabellos. Le encanta la gente que sonríe de manera enfermiza y no soporta las personas que ocupan dos asientos en los autobuses. Odia los miércoles. Escribe en Rico Estofado Cultural (+)


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