Get Out Of My Mind! – Dune

Publicado por Der Wittenbergman | en Space Madness | el 14-06-2008

Tan solo de pensarlo da vértigo: la tarea de adaptar un clásico de la ciencia ficción y volverlo una película digerible por el público no es fácil si te tienes que basar en un texto más denso que el smog en Beijing. Además, este libro es un bestseller que mucha gente conoce, y cualquier coma o punto suspensivo que se omita afecta a la taquilla. Pero en manos de la gente adecuada, puede funcionar. Si se le deja hacer, claro.

Dune (la novela) tiene una historia fascinante, grandes personajes, y toda una mitología propia que le da una gran profundidad, a tal grado que se siguen publicando continuaciones y precuelas. Tiene elementos de space opera, sí: viaje interestelar, aventuras en mundos exóticos y extrañamente habitables…, pero es mucho más. Resumirla en este espacio es casi imposible: Frank Herbert tejió toda una maraña de historias y tramas que se complementan y se sostienen unas a otras (además de un montón de términos extraños como “Kwisatz Haderach” y “Destiladores de la Muerte”), aderezada con referencias a la cultura islámica y mesianismo. Lamentablemente, tampoco es posible hacerlo en una película de dos horas.

- What’s in the post?
- Pain


El proyecto de llevar a Dune al cine empezó en 1971, cuando Arthur P. Jacobs (productor de El Planeta de los Simios) compró los derechos de la novela. En 1974, un consorcio francés compró esos derechos a la compañía de Jacobs, y puso nada menos que a Alejandro Jodorowsky al mando de la producción. Su versión de la historia contaría con diseños de H. R . Giger (el siniestro mundo de Gidei Prime, hogar del barón Harkonnen, personificado por cierto por Orson Welles), Jean Giraud “Moebius” (quien hizo cerca de 3000 dibujos de cada aspecto de la película, personajes y el inmenso storyboard), música a cargo de Pink Floyd y hasta a Salvador Dalí como el emperador Shaddam IV, con un sueldo de cien mil dólares la hora. Su adaptación se tomaba muchas libertades con el material original y mutó en un guión mastodóntico para una película de 14 horas. Esta visión era a todas luces imposible de realizar, además que la preproducción ya había consumido dos millones de dólares. El proyecto fue cancelado y los derechos fueron de nuevo vendidos, esta vez a Dino de Laurentiis. No todo fue un fracaso: Jodorowsky y Moebius empezaron a colaborar desde entonces, y el trabajo de diseño sirvió para crear El Incal, pero esa es otra historia.

Dune, la película que nunca fue. En foto, el palacio de Vladimir Harkonnen

De Laurentiis contrató en primer lugar a Ridley Scott para dirigir el rodaje. Algo más aterrizado en la realidad. Propuso un guión de dos partes (ya había sido rechazado un guión del propio Herbert por ser “demasiado largo”), pero la tarea tomaría mucho más tiempo del esperado, y Scott simplemente no estaba en la mejor disposición; su hermano mayor murió de cáncer mientras trabajaba en la producción. Eventualmente dirigiría Alien, película con diseños de… H. R. Giger, pero esa también es otra historia. El encargado de Dune sería ahora David Lynch. Filmada en México, la película finalmente se estrenó en 1984, trece años después del primer intento.

Al fin… Kull Wahad!

¿Y la película? Uno esperaría que con el material que se tiene se podría hacer una buena película. David Lynch dirigiendo una película basada en un libro profundo, y actuando Max Von Sydow, Patrick Stewart… hasta Sting sale. Bueno, tan siquiera una película disfrutable: La costumbre dicta que una película de ciencia ficción debe tener cierto grado de entretenimiento. Pues no. La película es bastante aburrida, y en ocasiones sin sentido. Los efectos especiales dejan mucho que desear, y eso que su presupuesto fue más grande que el de El Regreso del Jedi. Al principio empieza bastante bien, pero poco a poco se va desmoronando hasta que sólo queda un sabor agridulce en la boca. Tan siquiera los vestuarios son buenos, y la Reverenda Madre es más o menos como me la imaginaba. Pero oír a los actores decir esas mismas palabras que uno ha leído embelesado con la misma emoción que un cyborg es deprimente.

Reconozco que hay partes en las que se está viendo, en efecto, algo bueno, pero tan sólo para ser enterradas entre media hora de mediocridad. Tal vez soy demasiado duro, pues leí el libro primero, y me disculpo. Después de todo, es sólo una película más de ciencia ficción. Lástima que así sea, daba para más. (Por cierto, Kyle MacLachlan (Paul Atreides, el protagonista) siguió trabajando con David Lynch, alcanzando la fama con Blue Velvet y Twin Peaks, y actualmente es Orson Hodge en Desperate Housewives; y hasta este momento, Lynch reniega de Dune, pero esas son otras historias.)

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Sobre el autor:  Pasa el tiempo trabajando en el sótano de la oficina de administración central de Flaigrod, donde actualiza el blog oficial del ministerio, tiene alucinaciones con el poster de Lenin que ha estado pegado allí desde hace miles de años, y desde hace unas semanas, traiciona a la Gloriosa Revolución Socialista ayudando en las oscuras maquinaciones del Dr. IO. Extraña la luz solar (+)


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