Dino de Laurentiis nació cerca de Nápoles hace casi 90 años y desde bien joven se ha dedicado a lo mismo:
producir películas. Primero lo hizo en su Italia natal, en los 60s se expandió por la vieja Europa y
en los primeros 70s desembarcó en Hollywood con la intención de tocarle las narices a las grandes majors y ganar mucha pasta. Han sido
más de 150 películas producidas en esta carrera de más de 50 años, algunas de ellas han sido buenas, otras malas y, las más, regulares y han cubierto todos los géneros cinematográficos sin excepción, incluyendo, como no, el subgénero de la
sci-fi que este mes nos ha propuesto a sus acólitos el
Dr. IO: la
space-opera.
Quizás la más recordada y prestigiosa de las space-operas producidas por el gran Dino sea
Dune, la versión de la
célebre obra de
Frank Herbert por parte de
David Lynch. Sin embargo, entre que no estoy muy seguro de que una obra tan magna como
Dune pueda ser restingida a un simple subgénero y que la personalidad del director del que Almodóvar copió el peinado ensombrece a la del productor, no voy a hablar de ella y me voy a centrar en otras
dos obras pretéritas y
de menor categoría artística pero más representativas de la visión del cine de De Laurentiis:
Barbarella y
Flash Gordon.
BARBARELLA (Roger Vadim, 1968)
Mientras en los
states los
superpoderosos en pijama vivían una nueva edad de oro, en la convulsa Europa de los 60s
el comic giraba hacia el público adulto con historias más transgresoras repletas de ciencia-ficción y despampanantes chicas ligeras de ropa. El mayor ejemplo dentro de esta nueva vía del comic europeo fue, sin duda,
Barbarella, la
obra de culto del frances
Jean-Claude Forest.

De Laurentiis, que a principios de la decada había lanzado sus redes fuera de su Italia y había obtenido importantes éxitos como
Barrabás o
La Biblia de John Huston, vió rápido el filón en que la heroina espacial de Forest podía convertirse y
puso el dinero necesario para convertir sus aventuras al celuloide. Primero intentó convencer a
Brigitte Bardott, que había sido la inspiración de Forest a la hora de crear a Barbarella, para que fuera la protagonista pero esta le dió múltiples calabazas y De Laurentiis puso entonces sus miras en el ex-marido de la Bardott, el director francés
Roger Vadim, y, sobretodo, en la nueva mujer de este: la bellísima estrella hollywoodiense
Jane Fonda. El productor consiguió que Vadim dirigiera la peli y este trajó consigo a su mujer, convirtiendose en
una inmejorable Barbarella, aunando el erotismo y la ingenuidad que requería el personaje.
Sin duda Fonda es lo mejor de una película en la que
De Laurentiis prestó mucha más atención a lo estético que al fondo subversivo que presentaba el comic, dejó de lado el confeccionar un guión sólido en pos de
conseguir epatar visualmente… y esto lo consigue desde la misma primera escena de la cinta: el mítico
striptease-integral-ingrávido de los títulos de crédito, nadie se ha quitado mejor un traje espacial nunca que la escultural
Jane Fonda en esa recordada escena.

Del resto de la película destaca el vívido colorido de los imaginativos decorados, los vestuarios imposibles a cargo del gallego
Paco Rabanne, el humor tontorrón pero entrañable y algo picante que recorre la cinta (genial el poco rato que aparece
David Hemmings como el jefe de la resistencia) y todos los intentos de violación que sufre la buena de Barbarella: primero un grupo de muñecos con dientes de sierra, luego unos pájaros de colores (
Hitchcock había triunfado sólo unos años antes con la inquietante
Los Pájaros) y finalmente
por un órgano en un escena que provoca sudores fríos en todo espectador masculino que se precie.
En definitiva una película en la que la poca chicha del guión la termina convirtiendo en
un mero espectáculo visual y vehículo de lucimiento para su bella protagonista y que no sólo resulta un poco fiasco artístico sino que, a pesar de haberse convertido en todo un título de culto, fue todo un descalabro en taquilla. Quizás la convulsa
primavera del 68 no fuera el mejor momento para estrenar una cinta tan ligera, sus posibles receptores estaban ocupados cambiando el mundo.
Para terminar con esta reseña y pasar a la siguiente, dos curiosidades:
- El malvado de la película dió nombre a uno de los grandes grupos del pop de los 80s: Duran Duran. Además, los chicos de Simon LeBon demuestran también su fascinación por la película y toda la mit
ología que la rodea con el tema Electric Barbarella, uno de sus grandes éxitos.
- Se ha rumoreado que Robert Rodriguez podría estar interesado en realizar un remake de la cinta con su novia Rose McGowan como la nueva Barbarella.
FLASH GORDON (Mike Hodges, 1980)
Cuando
De Laurentiis desembarcó en Hollywood a principios de los 70s
empezó a comprar licencias de novelas y comics a diestro y siniestro. Las amontonaba encima de su mesa y esperaba a que llegara el momento oportuno para insuflar dinero y poner en marcha los proyectos. A finales de la decada
George Lucas con
Star Wars y
Richard Donner con
Superman demostraron que la ciencia-ficción y
las adaptaciones de los grandes del comic eran más que rentables y De Laurentiis se acordó de
Flash Gordon, el
clásico personaje pulp de
Alex Raymond, que cumplía con las dos condiciones: un heroe perfectamente reconocible por el público y una gran aventura espacial de la que, curiosamente, Lucas se había inspirado claramente para su gran éxito.
De Laurentiis se había encontrado con su gran proyecto, el que le iba a dar celebridad y dinero a espuertas y lo diseñó todo a su medida: director manejable (
Mike Hodges), protagonistas guaperas (
Sam Jones y
Melody Anderson), secundarios de reconocido prestigio (
Max Von Sydow, Tymothy Dalton, Topol, Ornella Muti), banda sonora encargada a uno de los grupos más grandes de la decada (
Queen), barroco a la par que
naïf diseño de producción y guión masticadito para que la historia fuera accesible para toda la familia.

Nada podía salir mal… y casi todo salió mal:
Sam Jones (Flash) y
Melody Anderson (Dale Arden) son pésimos actores y lo demostraron, los secundarios están sólo por la pasta y actuan con el freno de mano puesto, salvo el
tema central el resto del score de Queen no se puede decir que sea brillante, la historia de simplona resulta tonta y aburrida y el tono
camp del vestuario y los efectos especiales no resulta nada favorecedor (de hecho las escenas de vuelo de los
Hombres Halcón no es que no estén a la altura de las de Superman sino que están peor realizadas y resultan más risibles que las de
Barbarella… una peli realizada 12 años antes).
Se salvan un par de escenas (el accidente del avión en el invernadero de
Zarkov, el
partido de rugby en el palacio de
Ming o la accidentada boda), los títulos de credito en los que al ritmo de Queen se intercalan imágenes de los comics originales (algo que luego se ha visto en casi todas las adaptaciones comiqueras posteriores) y una
Ornella Muti a la que el papel de
zorra de las galaxias le viene que ni pintado (lástima que no salga más). También es un punto a favor que no dure ni hora y media… un sufrimiento cortito, pues.

Como curiosidad comentar que la película termina con un
The End? que hacía preveer el inicio de toda un franquicia. Sin embargo, el descalabro en taquilla hizo que, afortunadamente, esto no sucediera. Por otra parte, y en defensa de Dino de Laurentiis, comentar también que, casi treinta años después, esta temporada hemos vuelto a ver a
Flash Gordon en carne y hueso ¿gracias? a una
serie de televisión del canal
Sci-Fi… y que los resultados son todavía mucho peores que los de la película de Mike Hodges.
Un saludete guap@s.
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Sobre el autor: El William Wallace de los pollos negros. Campeón del mundo de siesta en pista cubierta. Bueno para nada. Embarazador en paro. Soñador con insomnio. Perro verde. Experto en cosas inutiles. Todo esto (y más cosas) han dicho sobre mi. Algunas son verdad y otras no. Escribe en
Kalimero's Zone (+)
Pero que crueldad contra Flash Gordon!. Espero que salves el tema central de su banda sonora.
No está mal, es pegadizo… pero a Queen se le podía haber exigido más, la verdad.
Saludetes.
No he visto Flash Gordon, y después de leer esto se me quitan todas las ganas. Eso sí, lo que pudo confirmar es que la serie de Sci-Fi es infumable a más no poder, ¡cuanto daño a hecho Smallville!
La canción de Queen es más que pasable, aunque sigo prefiriendo el “Who wants live forever”, el tema que hicieron para Los Inmortales.
Un saludo.
Vista ahora, Falsh Gordon deja algo frío… de pequeño me parecía la hostia, claro.
Además, viendo los FX y el vestuario se reafirma mi teoría de que Dino se gastó gran parte del presupuesto en farlopa.
En farlopa, en ponerle los cuernos a Silvia Mangano con Ornella Muti y en pagarle a Queen jejeje
Saludetes.