Publicado por William Saints | en The Ecstasy of Western | el 28-08-2008
Todo Western cumple ciertas reglas intrínsecas al género: se desarrolla en el desierto, en poblados incipientes y con pocos pobladores. El protagonista, un mal encarado justiciero de moral dudosa y aspecto rudo o descuidado, por lo general está en búsqueda de venganza: una venganza que de nada le servirá, pero su inexistente código moral le dicta que debe cumplirse. Claro, hay muchísimas reglas y características más del género. Y claro, hay westerns que no necesariamente tienden a cumplirlas al pie de la letra…
Bajo un sol abrasador (típico del desierto), nuestro héroe recorre el camino en busca de venganza. Dado por muerto, llega sin previo aviso al lugar donde descansan los salvajes perros a los que busca finiquitar.
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Existen muchos nombres propios a los que enseguida dirigimos la vista al hablar sobre Western en cualquiera de sus variantes. Seguro que entre todos esos nombres se encuentran los de Clint Eastwood y Lee Marvin, dos actores que han sabido sobrellevar (voluntariamente o no) la fama de tipo duro que se ganaron a pulso con sus interpretaciones a lo largo de sus dilatadas carreras. Pero como es bien sabido, la historia siempre tiende a olvidar aquello que a nadie le interesa, o lo que nadie quiere recordar y posiblemente en el caso particular que nos ocupa a continuación ambas razones.
Para los no iniciados, los olvidadizos y los quisquillosos les pongo en situación. En 1966 se estrena El Bueno, el Feo y el Malo, cerrando la ahora famosa e idolatrada trilogía del Dólar de Sergio Leone y catapultando al estrellato a Clint Eastwood. Un año antes, y para gran sorpresa de muchos, Lee Marvin gana el Oscar de la Academia de Hollywood a la mejor actuación por su interpretación de dos hermanos en Cat Ballou un western con inclinaciones claramente cómicas. Así que a priori nadie podría dudar del tirón comercial de ambos y así también lo vio el productor Alan Jey Lener, que quiso contar con ambos actores para adaptar el exitazo de Broadway Paint your Wagon a la gran pantalla. Pero claro a priori hay tantas cosas que parecen lógicas…
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“Nada traemos a este mundo y nada nos llevamos de él”
Tom Dunson (John Wayne) en Río Rojo
Una trilogía inexistente
Howard Hawks fue un maestro en esto del cine. Maestro de la comedia (Bola de fuego), maestro del cine negro (Scarface), maestro del cine de aventuras (Hatari!) y maestro de Western. En todas sus películas, daba igual el género, insuflaba el mismo espíritu: vamos a pasarlo bien, dejad el cerebro al entrar.
Y sus westerns son prototípicos. Quzás no fue en el terreno que más destacó (y tampoco es que realizara un gran número de ellos), pero su “trilogía del río” merece pasar a la historia como un canto sincero y directo al cine de aventuras sin complejos, al cine escapista.
Más de diez años separan Río Rojo (Red River)(1948) y Río Bravo (1959). Y aún atradaría más de una década en cerrar su trilogía en 1970 con Río Lobo. Este pequeño clásico también fue su última película.

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