Épica comiquera – Camelot 3000
Publicado por Roski | en Artorius Rex | el 07-08-2009
Camelot 3000 es un tebeo tremendamente simple, donde muchas cosas suceden porque sí. Así que al leerlo te da un poco la sensación de que el autor (Mike W. Barr) está escribiendo para gente que se quiere quitar un rato el cerebro y disfrutar de Arturo y sus caballeros peleando contra Morgana y sus aliens. Y eso, una vez se racionaliza, se agradece mucho.

La historia nos lleva al año 3000 cuando una invasión alienígena está a punto de destruir la tierra. Un joven, mientras huye de los bichos verdes, encuentra la tumba de Arturo y lo revive (a estas alturas ya conocemos la leyenda: Arturo volverá cuando su tierra se encuentre amenazada). Juntos rescatan a Merlín y hacen reencarnar a los famosos caballeros (Tristán vuelve en forma de mujer… lo que dará lugar a alguna de las tramas más interesanates de la serie). Comienza entonces una lucha sin cuartel contra los extraterrestres (liderados por Morgana).
Este cómic marca un poco la frontera entre la edad de plata y los tiempos modernos . Empezó a publicarse en 1982, justo antes de que el mundo del cómic se hiciera adulto y adoptara esa pose seria y oscura que lo acompañaría durante toda la década (hasta que los 90’s le cambiaran otra vez la perspectiva al género, pero, esta vez, por la vía de lo molón… que tanto daño ha hecho, todo sea dicho). Pero Camelot 3000 no es Wachtmen, ni lo pretende. Es la historia de Arturo renacido luchando contra unos invasores del espacio. Y ya está.
Fue la primera maxi-serie de la historia: doce números que conformaban una historia autoconclusiva, lejos de la continuidad de cualquier universo tebeil. Así que se puede afirmar que sin Camelot 3000 difícimente hubiera existido Wachtmen. Y eso es algo que la mayoría de los aficionados desconoce.

Camelot 3000 no llevaba el sello de Comic Code. Es decir, hay más sexo y violencia que en los comics de la época. Y ahí se recrea el dibujante (un Brian Bolland en plenas facultades) con una Morgana LeFay impresionante. Liberado ya del código que ahogó a la industria durante treinta años Mike W. Barr se adentra en temas impensables unos años antes (relaciones homosexuales, por ejemplo) porque el hecho de que sea un cómic simple no significa que sea un cómic para niños. Fue impreso en papel de alta calidad y distribuido únicamente a través de tiendas especializadas (no en quioscos). En cierta forma, esta apuesta de DC, cambió la forma en la que se hacían y consumían los tebeos.

Pero si algo destaca en él es su respeto por la tradición artúrica. La documentación empleada es de altísima calidad y aunque se recurra a la Ciencia Ficción (versión soap opera) las relaciones entre los personajes, sus características, su modo de actuar y de pensar… es increiblemente respetuosa con los antecedentes literarios del mito. En muchos sentidos, más que una continuación, este Camelot 3000 es una especie de relectura respetuosa. De una manera increiblemente adulta, el mundo del comic dejó de manipular las tradiciones para hacerlas digeribles.

Y después de todo lo dicho hay que reconocer que si por algo es memorable este trabajo es por el arte de un jovencísimo Brian Bolland (y por el entintado de Terry Austin) con algunas páginas realmente subyugantes. Algunas de las composiciones aún no han sido superadas y la sencillez del dibujo (no es un tebeo para nada recargado) se encuentra entre los hitos del mundo de la historieta de los años 80’s (y esto son palabaras mayores).




















