Bretaña francesa: tras los mitos artúricos
Publicado por Estrellita Mutante | en Artorius Rex | el 15-07-2009
Un recorrido por la Bretaña francesa, en especial por el interior de la región, da una idea muy clara de que papel juegan los mitos y leyendas en la cultura local tan diferente del resto de Francia.
Como casi todas las zonas con playa y relativamente buen tiempo las poblaciones costeras de la Bretaña son refugios turísticos para autóctonos e ingleses con ganas de beber y quemarse al sol, aunque nunca a la altura de paraísos como Benidorm o Ibiza. Sin embargo muchos de estos núcleos turísticos guardan el encanto decadente que ya tenían en aquellas superproducciones de Hollywood rodadas en Europa. Mont Saint Michel y Sant Maló, aunque son de obligada visita, son infiernos turísticos en los que incluso caminar por las calles es un obstáculo a superar, repletos de tiendas, comercios, souvenires y restaurantes, los ambientes medievales o dieciochescos se pierden rápidamente entre los carteles luminosos de tiendas y menús diarios.
El interior de la Bretaña, repleto de bosques y montañas, ofrece la cara más auténtica de la región. Por allí el turista es básicamente autóctono. Es bastante usual escuchar a la gente hablando en bretón, un idioma con similitudes al gaélico (sino al revés). Las principales atracciones de la zona son recorridos a pie por el bosque con diferentes puntos de interés en el camino. Muchos de ello restos de megalitos o menhires que se han relacionado de una u otra forma con los mitos artúricos, lo que, por fin, nos lleva al tema en cuestión.
Sorprende como de presentes están las leyendas de seres mitológicos y las artúricas en la zona, no me refiero a que el bar del pueblo se llame Morgana o Doppelhunger, que también, sino a que en la actualidad siguen formando parte del imaginario popular, y la actualización de las leyendas sigue presente. Es decir, los restos megalíticos de Bretaña, como los de Carnac llevan en pie desde los años 5000 – 3000 antes de Cristo. Aunque se desconoce cuales eran los significados de estos monumentos, a través de la cultura local se han traducido e insertado en nuevas leyendas, por ejemplo, un círculo de menhires situado en la entrada del Valle Sin Retorno se supone que fue la casa de la hada Viviana, la Dama del Lago. Hay cientos de ejemplos de este tipo, como la tumba de Merlín, la fuente de la juventud o la fuente de Barenton, donde yacieron Viviana y Merlín, Lanzarote y Ginebra, en la que el agua hervía sin estar caliente.
Si bien el comienzo de los mitos artúricos comienzan a tener importancia ya en la baja edad media, en la alta edad media se ven fuertemente modificados por la entrada del concepto de amor cortés, reglas similares a las de vasallaje entre caballeros y reyes, pero aplicadas a las damas. Estas reglas aparecen entre finales del S.XI y el S.XIII y originalmente provienen del la obra de Ovidio Ars Amatoria. En este contexto el personaje de Lanzarote, como representante del amor cortés y del perfecto caballero, tomo una relevancia primordial, y es el tipo de historias que se reflejan en la obra de Malory, y que inspiró el libro de Steinbeck ‘Los hechos del rey Arturo y de sus nobles caballeros’, ya del siglo XX.
Anterior a esto, pero presente durante toda la mitología artúrica posterior, es el desplazamiento del paganismo en favor del cristianismo. En las leyendas de Camelot los personajes mitológicos, la magia y las tradiciones cristianas se mezclan sin orden ni concierto, poniendo la semilla de un ’sincretismo’ presente en la actualidad en la vida religiosa en la Bretaña. Muestra de esta confusión religiosa es la pequeña iglesia de Trehorenteuc, que durante la década de los 70 fue reformada por el nuevo párroco. Este, ante la evidencia de que la gente de la zona no era muy practicante y siendo gran conocedor de los mitos artúricos, decidió darle una nueva imagen a la iglesia incluyendo elementos mitológicos. De esta forma, uniendo catolicismo y mitos artúricos, encontró una nueva forma de religiosidad con la que los pobladores de la zona se encontraban mucho más cómodos, una pequeña herejía local que contentó a ambas partes.
Una de las cosas que más sorprende al entrar en la pequeña construcción es un mosaico de un ciervo blanco rodeado por cuatro leones, según la versión del propio párroco, simbolizando a Jesús y a los cuatro evangelistas, pero que en la mitología artúrica es un símbolo muy conocido. Durante la búsqueda del Santo Grial el ciervo blanco aparecería a los caballeros para señalarles si estaban siguiendo el buen camino.
Las imágenes de la Ultima cena se entremezclan y relacionan con los retablos de la Mesa Redonda, en un lugar donde paganismo y cristianismo parecen unirse de forma armoniosa.
En 1983 Marion Zimmer Bradley, publica la novela ‘Las nieblas de Avalon’ que supone una revisión de los mitos desde dos premisas modernas: el feminismo y el uso de la religión para el control político. La historia está planteada desde las perspectiva de los personajes femeninos que participan en la historia que, hasta el momento, habían estado relegadas a un segundo plano y a los personajes pérfidos y malvados. En ‘Las nieblas de Avalos’ Morgana es la protagonista de una historia en la ella es poco responsable de las desgracias ocurridas, las mujeres son las que principalmente forjan la historia, incluso Merlín es un personaje secundario con muy poca importancia en el desarrollo de los acontecimientos. Por otro lado Ginebra es el estandarte de la cristiandad y Arturo, al contraer matrimonio con ella, deja de lado sus anteriores creencias. Este hecho supone la reconversión de los bretones y por tanto el olvido de las anteriores tradiciones, lo que supone una amenaza para Avalon y sus pobladores que ven como peligra su existencia. El mensaje oculto tras ‘Las nieblas de Avalon’ sigue teniendo vigencia en la Bretaña, como se muestra en esta pequeña iglesia de visita oblogada.
Es sorprendente las ganas y recursos que ponen en mantener vivas las leyendas, incluso con la creación de una sociedad de estudios artúricos que editan libros sobre el tema, siempre desde una perspectiva más o menos científica sobre el tema.
Broceliande es el bosque donde Viviana habitaba, en el que esta enseñó a Lanzarote y donde, en ocasiones, Merlín se refugiaba del mundo. La discusión sobre el lugar exacto donde estaba dicho bosque sigue abierta, pero en Francia solo hay un lugar para localizarlo: Paimpont. Entre los habitantes del los pueblos de alrededor se suele decir que todos podemos llegar a Paimpont, pero que es dificil adentrarse en Broceliande, porque es un lugar que no existe más que en el imaginario de las personas. Broceliande es un mundo reflejado al que, al igual que Alicia, hay que atreverse a entrar a través del espejo. Sus múltiples lagos y estanques esconden en su fondo historias de seres fantásticos y legendarios.
También en Paimpont se encuentra la supuesta tumba de Merlín, una serie de piedras y restos megalíticos, expoliados por los dueños del terreno y en bastante mal estado. Sin embargo, este hecho no evita que la tumbra de Merlín tenga decenas de visitas diarias que dejan restos de su paso por allí y piden deseos mágicos. En las guías locales se afirma que durante la noche algunas personas acuden a la tumba para realizar ritos mágicos. Puede parecer una exageración, pero realmente la zona atrae a una gran cantidad de fanáticos de los mitos artúricos que no dudan en vestir kilts y caminar descalzos por el bosque. Este tipo de personajes son muy usuales por la zona -llendo en coche llegué a ver a un chico caminando por el bosque bajo la lluvia-.
El rey Arturo no es más que la mezcla de diferentes personajes históricos, diferentes caballeros y nobles que en su tiempo destacaron por sus hazañas bélicas. Pero en la baja edad media Arturo era un personaje muy real para todos y la idea de que él y Merlin volverían para liberar al mundo, era una esperanza que todos guardaban. En este contexto Geoffrey de Monmouht escribe ‘History of the Kings of Britain’ en el que fabrica el mito moderno del Rey Arturo. En este libro se menciona por primera vez a Uther como padre de Arturo, sin embargo este equívoco parte de una confusión lingüística. Monmouth traduce del gales ‘Arthur mad uthr’, como ‘Arturo hijo de Uther’, cuando en realidad significaba ‘Arturo el terrible’ y el apellido Pendragon era, en realidad, un título militar.
Geoffrey edulcora su relato introduciendo intrigas políticas, magia, seres mitológicos, romance, de modo que da forma a todos los componentes del mito. Sin embargo, que la base histórica del rey Arturo sea incierta y poco creíble, no significa que el personaje y la historia pierda significado o importancia porque, más allá de lo que hubiera ocurrido, los mitos artúricos son reflejo de la cultura popular, de los anhelos de una región, no en un momento determinado, sino a través del tiempo. Si algo fascina del interior de la Bretaña francesa ha sido su relativa capacidad para mantener su legado, sus mitos. A pesar de que el ser humano deja su huella allá donde va, el bosque de Broceliande mantiene parte de su magia porque sus habitantes comprenden la importancia que ha tenido el bosque en la creación de su cultura y su forma de vida.
Llendo hacia el oeste, desde el bosque de Paimpont, se llega al otro centro geográfico depositario del imaginario y de las leyendas celtas. Dentro del Parque Regional de Armorique, se encuentra el bosque de Huelgoat y sus extraños caos rocosos, testigos de la violenta historia geológica del centro de Bretaña. No es casualidad que aquí se encuentre la gruta del Diablo, paso obligado hacia el infierno. El río de plata se precipita en sus entrañas al salir del lago.

Bosque de Huelgoat
La Gruta de Artus y el campo de Artus aluden al rey Arturo. Es precisamente en estos bosques donde algunos sitúan el lugar donde por fin los caballeros se hicieron con el Santo Grial. Sin embargo no se puede esperar encontrar nada que evidencia esto, pues, al ser los personajes artúricos propiedad solo del imaginario popular y no de la historia, existen diferentes lcalizaciones que compiten por ser el lugar de nacimiento del rey Arturo, el lugar donde descansan sus restos, el lugar donde yacíeron Lancelot y Ginebra, etc.
Buscar los restos artúricos es bucear entre bosques con aspecto mágico, entrar en tenebrosas grutas escavadas en la montaña, pasear por lagos que reflejan una imagen diferente a la real, para finalmente encontrar los vestigios de una civilización mucho anterior a los propios mitos artúricos.





















